Robert Prevost, estadounidense y miembro de la orden de los Agustinos, es el segundo papa americano. 

El nuevo papa, nacido en Chicago en 1955, eligió el nombre de León XIV. El 267º pontífice de la Iglesia católica también tiene la nacionalidad de Perú, donde ejerció de misionero y de arzobispo emérito de Chiclayo.

Antes de ser elegido como papa, Robert Prevost fue nombrado por Francisco prefecto del Dicasterio de los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para Latinoamérica. Es un fluido hispanohablante.  

Una figura de consenso en tiempos de cambio

Prevost no era el favorito en las quinielas mediáticas, pero sí gozaba de un amplio respeto en los círculos vaticanos. Como prefecto del Dicasterio para los Obispos desde 2023, fue el principal asesor del papa en los nombramientos episcopales, lo que le permitió tender redes entre los distintos continentes y corrientes eclesiales. Su perfil sobrio, su español fluido y su formación en derecho canónico lo convirtieron en una figura de equilibrio entre la gobernabilidad institucional y la cercanía pastoral.

Un papa con vínculos profundos en América Latina

La elección de un pontífice norteamericano con fuerte arraigo latinoamericano tiene implicancias simbólicas de gran calado. Por un lado, refuerza la visión de una Iglesia global que ya no responde al eje Roma-París-Madrid, sino que se expande hacia las márgenes donde el catolicismo sigue siendo vital y dinámico. Por otro, supone una reafirmación del mensaje de Francisco sobre una Iglesia “en salida”, centrada en la justicia social, el cuidado del medioambiente y la denuncia de las desigualdades.

 

 

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