La Asamblea General de las Naciones Unidas arrancó en Nueva York con la intervención del secretario general, António Guterres, quien abre así su último debate general al frente del organismo. El portugués dejará el cargo a principios de 2027 tras dos períodos, y la carrera por su sucesión tiene varias protagonistas latinoamericanas.
Según la norma no escrita de rotación regional, el turno corresponde a América Latina y el Caribe, y cada vez más voces dentro del organismo reclaman que sea una mujer quien asuma —algo que nunca ha ocurrido en los 81 años de historia de la ONU.
En la primera fase de la competencia, la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett figuran como las más favorecidas, aunque también están en carrera la chilena Michelle Bachelet, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y el argentino Rafael Grossi.
En esta edición participarán cerca de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno, además de vicepresidentes y cancilleres. El evento también llega con el telón de fondo de conflictos que la organización sigue sin poder desactivar: las guerras en Ucrania, Gaza y Sudán, así como la escalada en Oriente Medio, dominan la agenda diplomática sin que el Consejo de Seguridad logre avances concretos.
Guterres fue directo al señalar los responsables de ese bloqueo. “Hay potencias que violan el derecho internacional y forman parte del Consejo de Seguridad”, dijo el secretario general esta semana, apuntando a los cinco miembros con derecho a veto —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— como impulsores de “la parálisis” del organismo y de “un entorno de impunidad”.
El diplomático portugués se va dejando una organización más ajustada que la que encontró hace diez años, aunque con deudas pendientes. En el marco de la iniciativa UN80, la ONU redujo cerca del 20% de su plantilla administrativa, centralizó funciones en la sede neoyorquina y eliminó mandatos duplicados.
Sin embargo, Estados Unidos —el mayor contribuyente del organismo— aún debe 1.312 millones de dólares al presupuesto, pese a haber pagado 725 millones de su deuda hace pocos días. Y la reforma del Consejo de Seguridad, que Guterres impulsó para dar representación permanente a África y América Latina, quedó sin concretarse.
“El poder está cambiando, el mundo está cambiando y nuestras instituciones deben cambiar”, sostuvo Guterres. “Pero transformar nuestras estructuras nunca puede significar abandonar nuestros principios. Debe significar aplicar esos principios con una determinación aún mayor”.
Montevideo Portal