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La combinación de lluviasalta humedad y el progresivo cambio de las temperaturas marca el comienzo de una nueva etapa en el ciclo de la garrapata y obliga a los productores a reforzar la planificación sanitaria de los rodeos.

El doctor Álvaro Pérez, director del Centro Integral en Reproducción Bovina, advirtió que se está entrando en la primera generación del parásito y que las condiciones climáticas previstas pueden determinar un año complejo.

“Estamos en el arranque de la primera generación y, con estos excesos de humedad y ya medio cambiando el clima, hay que estar atentos y empezar a trabajar sobre el tema”, explicó Pérez en diálogo con Valor Agregado de radio Carve y Oriental Agropecuaria.

El veterinario señaló que no existe una receta única para todos los establecimientos y que la elección de los tratamientos debe contemplar varios factores: la situación particular de cada predio, los antecedentes de resistencia, los productos que han demostrado eficacia, las condiciones climáticas y el estado fisiológico de los animales.

En los rodeos de cría, por ejemplo, buena parte de las vacas atraviesa etapas avanzadas de gestación, una situación que también debe considerarse al momento de definir el manejo. A eso se suma que las lluvias y el exceso de agua pueden generar dificultades para determinadas aplicaciones.

Pérez explicó que los baños de inmersión pueden resultar más difíciles y costosos en períodos de elevada humedad. Incluso cuando las instalaciones están preparadas y cuentan con techo, el ingreso de agua puede complicar el manejo de la solución.

En ese contexto, señaló que una de las alternativas que está recomendando para iniciar los tratamientos es la utilización de lactonas, con ivermectina 3,15% inyectable. Entre sus ventajas mencionó que una lluvia posterior a la aplicación no afecta el tratamiento y que permite contar con una cobertura importante, que estimó entre 30 y 50 días. Sin embargo, insistió en que la decisión debe tomarse de acuerdo con la realidad sanitaria de cada establecimiento y, cuando corresponda, apoyada en pruebas de resistencia.

“Cada establecimiento es un mundo. Siempre hay que tener en cuenta los test de resistencia si es necesario, ver el lugar donde estás y también qué productos les están sirviendo más o les han andado más”, sostuvo.

Eficacia y tiempo de espera

Otro de los aspectos sobre los que Pérez puso especial énfasis fue la diferencia entre el período de eficacia de un producto y su tiempo de espera. El primero refiere al período durante el cual el principio activo mantiene su acción contra el parásito, mientras que el segundo determina cuánto tiempo debe transcurrir para evitar residuos por encima de los límites establecidos, un aspecto particularmente relevante cuando los animales tienen destino a faena.

“Una cosa es el tiempo de eficacia que tiene el producto, farmacológicamente hablando, y otra cosa es el tiempo de espera”, explicó. Por esa razón, consideró fundamental que productores y veterinarios tengan claramente identificadas ambas variables al elaborar un plan sanitario.

En el caso de la ivermectina 3,15%, Pérez señaló como referencia general un período de espera del entorno de los 60 días o algo más, aunque remarcó la necesidad de verificar siempre la indicación específica del producto utilizado.

También hizo referencia al imidocarb, conocido como Carbesol en el norte del país, una herramienta ampliamente utilizada a nivel de campo y que presenta tiempos de espera considerablemente mayores. Según indicó, pueden superar los 200 días.

Para Pérez, este escenario vuelve imprescindible mejorar los registros de los tratamientos aplicados. “Hay que aumentar el tema de los registros, ser serios y estar mucho más coordinados el productor y el profesional”, afirmó.

El veterinario sostuvo que la ganadería atraviesa un escenario favorable y que ese contexto también exige avanzar hacia una mayor profesionalización de los procesos sanitarios. “Tenemos un momento de la ganadería en el cual nos acompañan todos los factores y nosotros tenemos que profesionalizarnos más para seguir dando buenos productos y resultados comerciales”, señaló.

Un año que puede ser complejo

Con lluvias abundantes, humedad elevada y la primavera cada vez más próxima, Pérez entiende que existen condiciones para que la garrapata vuelva a representar un desafío importante durante esta temporada.

“Va a ser un año complejo. Si no se planifica y no se trabaja de manera seria, va a haber fallas importantes para los productores y para el sistema productivo”, advirtió.

A su juicio, actualmente existen buenas herramientas sanitarias y principios activos que continúan funcionando, además de nuevas alternativas. Sin embargo, disponer de productos no garantiza por sí solo el éxito de un programa.

La estrategia debe considerar simultáneamente el clima, la situación productiva, la categoría de los animales, su estado fisiológico y la realidad parasitaria de cada predio. “Hay que dar en el clavo con las aplicaciones para tener éxito y tener las menores pérdidas posibles”, resumió.

Controlar no es lo mismo que erradicar

Pérez también diferenció los planes de control de los programas de erradicación, dos estrategias que persiguen objetivos distintos y que requieren diferentes niveles de intensidad en los tratamientos.

En buena parte del norte del país, explicó, lo habitual es trabajar con esquemas de control porque las condiciones ambientales hacen extremadamente difícil eliminar completamente el parásito. En esos sistemas se convive con la garrapata procurando mantener cargas bajas o prácticamente nulas, de forma de evitar perjuicios productivos y sanitarios.

En un programa de erradicación, en cambio, el objetivo es que no aparezcan garrapatas en los animales. Esto obliga a considerar no solamente los ejemplares adultos, sino también las fases larvarias, por lo que los intervalos entre tratamientos suelen ser más cortos y el seguimiento debe ser más estricto.

El especialista advirtió que intentar aplicar una estrategia de erradicación en establecimientos donde ese objetivo no resulta viable puede terminar generando el efecto contrario al buscado.

“No podemos plantear una erradicación en un lugar donde no es viable, porque lo único que hacemos es aumentar la presión química sobre la garrapata y generar resistencia”, afirmó.

La aplicación reiterada de productos sin una estrategia definida, agregó, incrementa la presión de selección y favorece la aparición de resistencia a los principios activos. “Dar y dar, aplicar, aplicar y aplicar es un error”, enfatizó.

En ese sentido, destacó herramientas como la utilización de animales centinela y el conteo de garrapatas para determinar cuándo corresponde realizar una nueva aplicación. El objetivo es pasar de tratamientos establecidos únicamente por calendario a decisiones respaldadas por información concreta de lo que ocurre en cada establecimiento.

Entre US$ 15 y más de US$ 50 por animal

La diferencia entre controlar y erradicar también se refleja en los costos. Pérez estimó que un programa de erradicación puede superar actualmente los US$ 50 por animal, considerando el valor de los productos, el tipo y la cantidad de aplicaciones necesarias y el seguimiento profesional.

“El plan de erradicación, al ser más estricto y específico, va a tener un costo más alto y también depende del tiempo que lleve”, explicó.

Para un esquema de control, en tanto, estimó una inversión de entre US$ 15 y US$ 20 por animal considerando básicamente el gasto en productos. Son valores que, multiplicados por el número de animales de un establecimiento, pueden tener una incidencia relevante sobre los costos de producción.

Pero Pérez advirtió que el cálculo económico no debería limitarse al costo directo del tratamiento. La presencia de garrapata también puede generar pérdidas productivas que terminan elevando considerablemente la cuenta.

“El costo sanitario de la garrapata, a la hora de invertir en un campo y en un sistema productivo, cambia el número”, afirmó.

A los gastos en productos y aplicaciones deben agregarse las consecuencias de un manejo inadecuado o de una infestación importante. Entre ellas mencionó mortandad de animales, pérdidas de gestaciones y diferentes impactos sobre la productividad del rodeo.

“Y eso sin tener en cuenta lo que también se pierde con la garrapata. Ahí te vas más, porque tenés muerte, pérdida de gestaciones y diferentes situaciones que llevan a aumentar la pérdida si no hacés las cosas bien”, concluyó.



El Pais