Las candidaturas oficiales se registrarán solo el próximo agosto, pero los dos principales precandidatos de las presidenciales de octubre, es decir, por la derecha el senador del Partido Liberal (PL) Flávio Bolsonaro, primer hijo del expresidente Jair, y por la izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), el actual presidente, ya han comenzado a calentar motores.
Brasil ha entrado, en suma, en clima preelectoral y ya emergen las estrategias de los dos favoritos que, según las últimas encuestas, están en empate técnico. Para el sondeo Meio/Ideia del 11 de marzo pasado, Lula está en el 47,4% de intención de voto frente al 45,3% de Flávio Bolsonaro, una diferencia que entra dentro del margen de error de aproximadamente 2,5 puntos porcentuales, configurando, por lo tanto, un empate técnico.
Otras encuestas también confirman este escenario. El último sondeo Genial/Quaest mostró un perfecto equilibrio en una eventual segunda vuelta, con ambos en el 41%. Los datos muestran un crecimiento constante del candidato del PL y, al mismo tiempo, señales de dificultad del gobierno para contener el deterioro de su imagen. El contexto electoral aparece cada vez más polarizado, con muy poco espacio para candidatos alternativos. En la encuesta Meio/Ideia, Flávio Bolsonaro pasó del 36% en enero al 41,1% en febrero, hasta el actual 45,3%.
De manera similar, en el sondeo Quaest ha ganado cerca de cinco puntos porcentuales desde finales del año pasado, mientras Lula ha registrado una caída similar. Sobre el actual presidente pesan las críticas en temas muy sensibles para los brasileños en este período, es decir, la economía y la seguridad.
La paradoja, sin embargo, es que, a pesar del ya evidente potencial empate delineado por las encuestas, ambos candidatos presentan altos niveles de rechazo electoral. Según Quaest, el 55% de los electores declaró que nunca votaría por Flávio Bolsonaro, mientras el 56% afirmó lo mismo respecto a Lula. Según estos datos, parece descartarse la posibilidad de una “tercera vía”, ya que ningún otro precandidato, como por ejemplo, entre los más conocidos, Ratinho Júnior, Eduardo Leite y Ronaldo Caiado, supera el 10% en las simulaciones de primera vuelta.
En este escenario, tanto Lula como el hijo del expresidente Bolsonaro están invirtiendo en la estrategia electoral, a corto y largo plazo. Flávio, en estas semanas, está adoptando un tono más moderado y menos agresivo, con el objetivo —según los analistas— de ampliar el consenso más allá de la base bolsonarista y atraer sobre todo al electorado de centro. Según sus aliados, la estrategia prevé evitar por ahora una comunicación basada en enfrentamientos contra Lula y su partido y preferir una más centrada en críticas técnicas.
Al mismo tiempo, apunta a explotar el “cansancio” de los electores respecto al gobierno de Lula, presentándolo como ya desgastado tras muchos años en el poder. Según sus aliados, este enfoque ya está dando resultados, ya que las encuestas muestran un crecimiento significativo de Flávio en la aprobación ciudadana, aunque su aprobación es inferior a la de otros líderes reelegidos en el pasado. A pesar de haber decidido no presentar por ahora un plan económico para evitar ser atacado por Lula, Flávio Bolsonaro ha declarado que, si es elegido presidente, seguirá una línea económica similar a la del gobierno de su padre, apostando por recortes de impuestos, control del gasto y disciplina fiscal.
También confirmó que Sérgio Moro, el exjuez símbolo de la operación anticorrupción Lava Jato, será candidato a gobernador de Paraná por el PL, marcando una nueva estrategia política del partido en el estado. En su primer discurso en el Nordeste de Brasil, histórico bastión electoral del PT, Flávio presentó las elecciones como un voto decisivo para el futuro del país, contraponiendo un modelo de “prosperidad” al actual. “¿Quieren un gobierno que se preocupe de verdad por las mujeres, que las proteja y que trabaje para encarcelar el mismo día a quien las agrede? ¿O quieren un gobierno que está batiendo récords de feminicidios y de mujeres agredidas?”, dijo dirigiéndose al público.
En cuanto a la esposa de su padre, Michelle Bolsonaro, por ahora sigue su propio camino. Entre los principales puntos de su estrategia está la creación de un grupo de mujeres para candidatarlas al Senado y en algunos gobiernos. Ella misma aspira a presentarse al Senado. Su estrategia es, por tanto, consolidar un bloque político autónomo dentro del PL, aumentando su influencia en el partido y en la futura estructura de poder.
Sin embargo, esta línea ha generado tensiones porque se percibe como poco comprometida con la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro. Aun así, se prevé que se una a la campaña en un segundo momento, manteniendo por ahora un papel más estratégico y menos expuesto. Un peso importante podrían tener también las futuras condiciones de Jair Bolsonaro, hospitalizado desde hace dos semanas. La semana pasada, Flávio se reunió con el juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, quien condenó a su padre a más de 27 años de prisión, para solicitar el arresto domiciliario para Jair.
Bajo una enorme presión por sus relaciones con Daniel Vorcaro, fundador de Banco Master envuelto en un escándalo con acusaciones de fraude y lavado de dinero, según O Globo, el juez podría concedérselo, reforzando así la percepción que los electores tienen del clan Bolsonaro y de una supuesta “persecución” por parte del STF.
El caso Vorcaro y sus relaciones con algunos jueces de la Corte Suprema se ha convertido en un factor crucial también para Lula. Su gobierno está tratando de tomar distancia del STF. Tras años en los que la Corte Suprema fue un aliado importante, según fuentes internas, serán los jueces Alexandre de Moraes y Dias Toffoli, implicados en el caso, quienes deberán aclarar su posición en las investigaciones, sin que el gobierno intervenga para protegerlos.
Oficialmente, el gobierno está evitando por ahora declaraciones públicas explícitas contra el STF. Sin embargo, existe preocupación política porque, dado que en la opinión pública Lula suele estar asociado a la Corte —especialmente tras los hechos del 8 de enero—, eventuales escándalos que involucren a los jueces podrían reflejarse negativamente en su popularidad. Según el sitio de noticias Infomoney, tras bambalinas Lula habría expresado irritación en particular hacia Alexandre de Moraes.
Al mismo tiempo, dentro del gobierno hay cautela, porque algunos jueces habrían percibido este distanciamiento como un ataque a la institución. Los aliados de Lula prevén que el escándalo tendrá nuevos desarrollos hasta las elecciones y están tratando de trasladar la responsabilidad política a la oposición, sosteniendo que los orígenes del caso se remontan al gobierno Bolsonaro y a presuntas fallas del Banco Central bajo su gestión.
Para una contienda tan compleja, Lula ha llamado a la vieja guardia del PT para construir una maquinaria de campaña más estructurada y agresiva. Por eso pidió la creación de un gabinete de “rápida respuesta” compuesto por figuras históricas del PT, entre ellos Gilberto Carvalho, uno de los fundadores del PT, Wellington Dias, ministro de Desarrollo Social, Aloizio Mercadante, presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), José Sérgio Gabrielli, expresidente de Petrobras, y otros ejecutivos de larga data.
“Esta es la campaña de la realidad paralela, agravada por el uso de la inteligencia artificial”, dijo Gilberto Carvalho al diario O Estado de São Paulo. “Todo es muy diferente a antes y hay muchos problemas que enfrentar: el caso Banco Master, la capacidad narrativa de la derecha —especialmente en temas como familia y aborto—, el lavado de cerebro a través de la fuerza de las redes sociales y la presencia del neofascismo”, concluyó.
También el ya exministro de Economía Fernando Haddad, dimitido la semana pasada, ha sido incluido en la estrategia electoral de Lula. Precandidato al gobierno de San Pablo, donde según los analistas sus posibilidades de victoria son reducidas, su papel es sobre todo canalizar votos para un posible cuarto mandato de Lula. “No será un desafío fácil y todos tendrán que convertirse en soldados en esta lucha”, dijo Haddad en el evento en el que presentó su precandidatura.
Al grupo de fieles históricos de Lula se sumarán nuevas figuras como Guilherme Boulos, actual ministro de la Secretaría de la Presidencia, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), con el objetivo de ampliar el alcance hacia nuevos segmentos sociales, como los trabajadores informales. La campaña será coordinada por Edinho Silva, presidente del PT, mientras que la comunicación estará a cargo del publicista Raul Rabelo. Mano derecha de Sidônio Palmeira, hoy ministro de la Secretaría de Comunicación Social (Secom), Rabelo ya había trabajado junto a Palmeira en el programa electoral de Lula en 2022.
Uno de los pilares de la estrategia será cambiar de actitud hacia Flávio Bolsonaro: si inicialmente el PT había evitado ataques directos para no favorecer una posible candidatura alternativa más sólida como la del actual gobernador Tarcísio de Freitas, ahora, con el crecimiento del senador, el partido ha decidido pasar a la ofensiva.
Flávio será asociado directamente con su padre Jair Bolsonaro y con temas negativos como el intento de golpe y el escándalo de las “rachadinhas”. El escándalo de las “rachadinhas” es un sistema ilícito en el que los colaboradores parlamentarios se veían obligados a devolver parte de su salario al político o a su séquito. El caso involucró a círculos vinculados a la familia Bolsonaro, en particular a Flávio, y se convirtió en uno de los principales escándalos de corrupción asociados al bolsonarismo.
Paralelamente, Lula y el PT intentarán reforzar la narrativa contra el bolsonarismo, advirtiendo a los electores sobre posibles efectos de una victoria, como cambios en las pensiones o un mayor alineamiento con Estados Unidos de Donald Trump. Otro frente crucial es el de la comunicación. Dentro del gobierno se reconoce una dificultad en la “batalla narrativa”, sobre todo debido al uso masivo de redes sociales e inteligencia artificial por parte de la oposición.
Por ello, se apuesta por construir una red organizada de influencers y apoyos digitales, ya denominada “Club de Influencia del equipo Lula”, para difundir contenidos favorables al gobierno. Fuentes de Brasilia señalaron a Infobae que, a pesar de este gran esfuerzo estratégico, se percibe el “cansancio político” de Lula. Con 81 años el próximo 27 de octubre, Lula participa en campañas presidenciales desde 1989 y, de ser elegido este año, sería su cuarto mandato, un récord en la historia de Brasil.
Por último, también el Tribunal Superior Electoral (TSE) se prepara para la campaña de agosto con nuevas reglas aprobadas en estos días, en particular sobre el uso de la inteligencia artificial (IA). Entre las principales normas, todos los contenidos electorales creados o modificados con IA deberán estar claramente señalados para evitar engañar a los electores.
Estos contenidos estarán además prohibidos en las 72 horas previas y en las 24 horas posteriores a las elecciones. Asimismo, estará prohibido influir en el voto: las plataformas y sistemas de IA no podrán recomendar ni favorecer candidatos o partidos. También estará prohibido el uso de influencers pagos para propaganda política en línea, mientras que cuentas falsas, anónimas o automatizadas que difundan noticias falsas podrán ser eliminadas.
Infobae